Información sobre el trabajo del Observatorio

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>> UN HOMENAJE A MARTA RODRÍGUEZ / El Observatorio se une al reconocimiento que realiza Madera Salvaje a la cineasta colombiana Marta Rodríguez, referente obligado de nuestro trabajo, decana del documental en Colombia y madrina, desde el primer encuentro, del proceso de la escuela audiovisual con jóvenes rurales. Una selección de textos, fotografías, videos y enlaces para acercarnos al recorrido de su trabajo documental en distintas épocas.

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"El cine de Marta Rodríguez sigue ofreciendo, como si hubiera sido hecho esta mañana, pruebas de vigencia perdurable, justamente porque emerge de un país ocultado por los intereses del capital, un país bullente de vida, pero mancillado por el horror de un sistema político que en el registro de la lente de Marta tiene al más radical testigo de su ceguera... El cine de esta mujer que a sus casi ochenta años sigue recorriendo el país, arriesgando su salud y su vida y enseñándonos el camino tortuoso que acaso andamos todos sin saberlo andar…".

"La tradición documental de Marta Rodríguez es una tradición de resistencia, de resistencia lúcida y dialogante, y no de purismo, ni de conceptos para iniciados". Santiago Andrés Gómez.

>> MARTA RODRÍGUEZ, TESTIGO AUDIOVISUAL DE UN ETNOCIDIO / En las primeras secuencias de Testigos de un etnocidio: memorias de resistencia (1997-2011), la veterana documentalista colombiana Marta Rodríguez entrelaza el registro, inmediato y urgente, de las luchas actuales de los pueblos indígenas del Cauca en contra de la violencia cotidiana que les aflige, con una reflexión, calmada y distanciada, sobre la capacidad del cine para contrarrestar la deshumanización de la guerra. En Testigos de un etnocidio la cineasta vincula la recuperación de la memoria histórica de las comunidades indígenas de Colombia con su propio uso del cine, del video y de la fotografía para registrar, recordar y racionalizar los grandes eventos sociopolíticos y los dramas individuales que ha vivido y atestiguado durante estas cuatro décadas. Por David M. J. Wood, publicado en Cuadernos de Cine Colombiano. Leer texto completo

>> HISTORIA ORAL Y MEMORIA COLECTIVA / La Trilogía de Urabá: “Nunca más”, “Una casa sola se vence” y “Soraya, Amor no es olvido” - Las principales fuentes de información utilizadas en toda la obra de Marta Rodríguez son los testimonios orales. En el caso particular de la trilogía sobre Urabá, Rodríguez y Restrepo generalmente presentan fragmentos de las intervenciones de hombres y mujeres desplazados y en algunas ocasiones aparece la imagen y la voz de la realizadora formulando las preguntas, guiando conversaciones o realizando comentarios sobre situaciones determinadas. Al ser historias orales de personas cuyas experiencias traumáticas eran recientes y el conflicto no había finalizado, la memoria se convierte en un elemento clave a la hora de observar la trilogía sobre Urabá. Indudablemente, las víctimas tienden a recordar los sucesos que más los marcaron y que fueron traumáticos o representativos, socializar o no estos hechos está íntimamente ligado a varios factores, como por ejemplo: la elaboración del duelo por las pérdidas humanas y materiales y las condiciones de seguridad. Las realizaciones de Marta Rodríguez y Fernando Restrepo presentan estrategias de varios actores sociales, víctimas y no víctimas, para crear, preservar y recuperar la memoria colectiva de un drama vivido por cerca de veinticuatro comunidades chocoanas durante los últimos años de la década de 1990. Compartir la intimidad del reencuentro con el pasado evitado parece ser uno de los mecanismos utilizados en los documentales para lograr un mayor acercamiento a los sentimientos de las víctimas. Varias de las imágenes fueron tomadas en espacios clave para el proceso de construcción de esa historia colectiva, por ejemplo en Soraya, Amor no es olvido se presentan conversaciones con la viuda y sus hijos en los dos monumentos que Clamores construyó en Turbo a las ochenta víctimas asesinadas por los violentos. Por Daniel Arango Arango, publicado en Madera Salvaje. Leer texto completo

>> NO ES POR HACER LINDO / Marta Rodríguez en la década de los noventa - Marta Rodríguez nos insistía en el 2011 que lo suyo no era “el cine por el cine”, esa consigna formalista que tanto ha hecho carrera en los últimos años y que ha llegado a extremarse en algunos casos hasta el punto de que hay quienes afirman que el cine no solo no tiene por qué tener en cuenta una realidad exterior a su propio lenguaje, sino que esa relación no existe. Otros, sin aventurarse tanto, sencillamente afirman que el cine no sirve para nada... Es David Wood, en los últimos Cuadernos de la Cinemateca, quien ha hecho entender a los más acérrimos, si no ingenuos críticos de los últimos videos de Marta, que para ella el cine es, más que una ilusa reproducción, un rastro, una herida que da vida, un signo poderoso, una transmutación. Y, por supuesto, la prueba rica y tangible de una realidad. Por Santiago Andrés Gómez, Madera Salvaje. Leer texto completo

>> AL FILO DEL ABISMO / Marta Rodríguez en la década de los ochenta - Veamos un poco el contexto. A mediados de los ochenta, cuando Marta Rodríguez y su esposo, Jorge Silva, inician el rodaje de Amor, mujeres y flores (1984-1988), es palpable en el ambiente el fin de un vasto ciclo humano que coincide, en su etapa más intensa, con el lapso que cubre la Guerra Fría. Como nos recuerda la propia Rodríguez, por esos tiempos su esposo le escribe desde Londres, donde se encuentra filmando algunas imágenes para su documental: “Marta, el discurso político se acabó, hay que buscar la poesía”. Poco después caerá el Muro de Berlín y con él la llamada “Cortina de Hierro”, Francis Fukuyama se hará famoso en todo el mundo por su consigna del “fin de la historia”, bajo el supuesto, para entonces muy convincente, de que las ideologías han muerto, y George Bush Sr. apenas si esperará un poco a haber impuesto el poderío militar norteamericano en el negocio del petróleo, luego de la Guerra del Golfo, para proclamar un “nuevo orden mundial”, en el cual el mundo giraría, ideal pero no utópicamente, bajo las leyes del capital. Por esos años entraba yo a estudiar Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana, y me es inolvidable un intercambio de palabras con la profesora Ana María Miralles en nuestra clase de Periodismo de Opinión. A unas palabras mías (no recuerdo cuáles), ella, sin dejarme acabar, respondió de un brinco: “Las ideologías están ya pasadas de moda”, frente a lo cual yo solo respondí: “Pero las injusticias están a la orden del día”. Sin entrar a debatir si el liberalismo es hoy por hoy tal cual proclaman sus prescripciones en el planeta, y no un conjunto de monopolios que operan como fuerzas reguladoras para proteger sus intereses, lo cual, por lo que sé, debería ser el debate crucial sobre la praxis de la ideología del capital, lo que me parece inobjetable es la realidad de las inequidades que algunos economistas ponen, eso sí, en tela de juicio. Se quiere redefinir la pobreza, y esto es interesante, pero al tiempo se encubren y legitiman acciones encaminadas directamente desde la cúpula del corporativismo a ampliar la brecha entre la mera dignidad y la más crasa miseria, y luego se proponen con toda solemnidad y entusiasmo las mismas fórmulas para la riqueza que en treinta años no nos han servido de nada. Por Santiago Andrés Gómez, Madera Salvaje. Leer texto completo

>> “NOS ROBARON LA TIERRA, PERO NO NOS VAN A ROBAR EL AIRE” / "Desde cuando su viva sensibilidad apenas descubría el mundo, Marta Rodríguez ha sido una observadora acompañante de las gentes más humildes de nuestro pueblo. Al comenzar su carrera cinematográfica en 1965, el cine documental recibía un impulso avasallador de cineastas como Jean Rouch –su maestro– o Joris Ivens, quienes recorrían el planeta y registraban el omnipresente conflicto del hombre consigo mismo. Cercanos al oprimido y cómplices por naturaleza del no escuchado, los documentalistas de la calle y la montaña retrataron –y fueron parte de– una época de levantamiento, con una valentía y una decisión ejemplares; ejemplares, como es obvio, para un mundo y una época como la nuestra, en la que el video y el cine se realizan por lo general con perspectivas de frivolidad olímpica, como un arte gélido y desentendido de sus propios objetos, que son –que son siempre– la fuerza de la vida, el abrazo del destino y su perenne forcejeo. Conversamos al calor de un chocolate santafereño acerca de esa gambeta inteligente que hace de los cineastas del tercer mundo seres aguzados. La convivencia, las cámaras prestadas y el video indígena son nuestro tema". Entrevista a Marta Rodríguez, realizada por Santiago Andrés Gómez y publicada originalmente en la Revista Kinetoscopio, Vol. 7 – No 40, 1996, pp. 90-99. Leer la entrevista

>> NUESTRA VOZ DE TIERRA, MEMORIA Y FUTURO - Un texto de Luis Alberto Álvarez, publicado originalmente en el periódico El Colombiano, el 17 de marzo de 1982.

La Federación Internacional de Prensa Cinematográfica le otorgó este año su premio en el Foro del Cine Joven de Berlín a Nuestra voz de tierra, memoria y futuro, de Marta Rodríguez y Jorge Silva, con la siguiente fundamentación: “por su compromiso con los indígenas en una fuerte relación dialéctica entre documentación y fantasía”. Y la Organización Católica Internacional de Cine le dio el suyo “por ser un valiente intento de superar la explotación en el Tercer Mundo y una defensa de la justicia social”. A esta afirmación añade: “la película muestra un nuevo modo de analizar la realidad y de expresar la realidad social, las esperanzas y valores del pueblo”. En medio de las formulaciones un tanto oficiales de estas dos entidades, se encuentra lo que constituye la novedad de esta película, que no es simplemente una continuación del trabajo antropológico y estético de Marta Rodríguez y Jorge Silva, sino un nuevo camino expresivo que enriquece singularmente un cine casi siempre identificado con descuido técnico, inmediatismo, soberano desprecio de la forma e insistencia panfletaria. Hay imágenes de una belleza excepcional, insólitas, buscadas si se quiere. Es particularmente interesante lo que dice Jorge Silva en una entrevista hecha en Alemania: “nuestro cine debe ser hermoso, tan hermoso como sea posible. Ya es hora de que tratemos cuidadosamente las imágenes, el sonido, la estructura narrativa, la música. Es hora de que busquemos medios especialmente expresivos que permitan transmitir la realidad de modo impresionante. Antes no nos importaba mucho, no teníamos dinero, éramos pobres. Mejor dicho, todavía somos pobres, pero no por eso tenemos que escribir mal, fotografiar mal, montar mal. Intento hacer un cine político que sea tan bello como sea posible”. En los indígenas caucanos, Rodríguez y Silva encontraron un pueblo capaz de reflexionar a fondo sobre su propia historia y de sacar sus propias conclusiones en la práctica. El tema demoniaco, por ejemplo, y otros elementos de tradición cultural, no son tratados de arriba abajo como supersticiones o residuos de un modo científico de conocimiento, sino presentados como elementos dignísimos de una concepción del mundo que hay que respetar e interpretar debidamente. Leer texto completo

>> "Mi padre murió antes que yo naciera y mi madre tuvo que criar a cuatro hijas y un hijo. En la década de 1950 mi hermano se fue a estudiar medicina a España lo que motivó a mi madre a trasladarnos a todas a Madrid en 1953. Viajamos 25 días de barco para llegar a una España atormentada por Franco, lo que la volvía un país muy difícil para vivir, yo no aguanté muchos años y terminé por irme a vivir a Paris en 1957. Pese a que España fue un contexto complejo, ahí tuve mis primeros acercamientos al movimiento de los Curas Obreros. Luego de París regresé a Colombia y conocí realmente a Camilo Torres que volvía de estudiar antropología en Lovaina. Ese año de 1958, la Universidad Nacional abrió la escuela de sociología y entré a estudiar ahí, por ese entonces él dictaba clases en esa escuela, pero a los pocos meses me di cuenta que la sociología no era lo mío, tenía problemas con la estadística y una vocación muy grande por los pueblos indígenas y por ello me atraía la antropología... La primera masacre que yo filmé fue la de Planas. La segunda masacre la filmaron los indígenas que ya sabían para qué son las cámaras.  Esa fue la Masacre de Caloto, y no la filmé yo, la filmaron ellos y yo los ayudé con la edición a través de un taller que realizamos. Entonces como verás, la crónica es muy distinta a un trabajo académico que pudiera hacer un antropólogo. Yo soy antropóloga, pero más que eso soy una compañera de lucha, una compañera que en las peleas está con ellos, es otra cosa". Marta Rodríguez, entrevista publicada en www.antropologiavisual.cl

>> "Chircales es un clásico y un clásico no se hace sino una vez en la vida". La afirmación de la documentalista Marta Rodríguez fue una realidad en las pantallas y en los festivales del mundo desde que estrenara su primera película, realizada entre 1965 y 1972 con su compañero de toda la vida, Jorge Silva. Leer texto sobre Chircales

 

>> LA RESISTENCIA Y LA MEMORIA - UN VIDEO DE K-MINANTES / Conversación con la documentalista Marta Rodríguez sobre su trabajo audiovisual y sus reflexiones sobre el país, el cine indígena y el conflicto armado que los afecta.

"Yo no estoy luchando por la estética, ni por el cine por el cine, mi misión no es buscar el mejor plano. Yo lo que he querido es mostrar un país donde se violan los derechos humanos..."
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Un video de K-minantes Colectivo Audiovisual de Medellín.

>> "QUE USTEDES ASUMAN ESA MEMORIA ES ALGO VITAL" / Marta Rodríguez, en un encuentro de la Escuela Juvenil de Realización Audiovisual en agosto de 2009, les dijo a los jóvenes: “Yo creo que la memoria que dejamos nosotros es para que ustedes tengan una historia, porque un país sin historia qué país es, para ustedes que están tan jóvenes, un país sin memoria, qué es un país sin memoria… Entonces que ustedes asuman esa memoria es algo vital y pienso que hay que darles todo el apoyo, porque son ustedes los que van a recuperar la memoria de sus propios hermanos que fueron víctimas de esta barbarie que hay en Colombia”.

Un nuevo encuentro con el lenguaje audiovisual / 6 al 10 de agosto de 2009

Video del encuentro de la escuela con la participación de Marta Rodríguez

>> "Próxima a cumplir sus ochenta años, Marta Rodríguez (1 de diciembre de 1933), sigue realizando documentales con el mismo ahínco con el que inició su obra hace más de cuarenta años. Su filmografía comprende quince documentales que se han establecido como referentes mundiales del género, y que le han permitido posicionarse como la más reconocida documentalista colombiana. Sus obras han generado gran cantidad de documentos que interpretan y reinterpretan sus imágenes, pero más allá de lo que nos muestran sus realizaciones y las diferentes disertaciones sobre éstas, Marta ha conformado un apéndice de sus películas y su trayectoria en el campo audiovisual que constituye aún un espacio virgen de investigación: su archivo." Carlos Andrés Bedoya Ortiz. Leer texto completo

La tradición documental de Marta Rodríguez es una tradición de resistencia, de resistencia lúcida y dialogante, y no de purismo, ni de conceptos para iniciados.

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El Observatorio Audiovisual e Investigativo sobre Procesos Comunitarios y de Resistencia es un espacio de difusión y debate sobre el lenguaje audiovisual en el contexto colombiano en temáticas como derechos humanos, conflicto armado, territorio y desplazamiento forzado. contacto: elretornoproducciones@gmail.com - elretornoproducciones@hotmail.com


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